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® Benjamín Juárez

2018-09-03

Un Sendero Equivocado | PREFACIO A LA SEGUNDA EDICION

> No deseaba que éste fuera un libro que hablara sólo sobre los riesgos que implica correr de noche y solo en una montaña, sino que cualquiera pudiera sentirse identificado con el ADN que fluye en los capítulos: el amor por hacer algo con lo que nos reconocemos plenamente. En mi caso, el running. Me apasiona hacerlo, y lo practico cada vez que puedo pero a la vez no creo que sea la fórmula milagrosa para sentirse bien. A me hace bien. Como a otros les hace bien el golf, la pintura, escalar o meditar. Porque no es lo que hacemos lo que nos define y nos llena de energía, sino cómo lo hacemos. La cantidad de tiempo que invertimos, lo que estamos dispuestos a sacrificar para hacerlo. [...]
Escribir y correr parecen ser dos prácticas bien distintas aunque parecen estar unidas por un desestimado atributo: la persistencia. Para el gran porcentaje de la población que no hemos nacido con algún talento especial para realizar en forma sublime alguna actividad, siempre nos queda el recurso de perseverar, aun sabiendo que no llegaremos al podio o no ganaremos premios. No lo hacemos por eso, sino por la fascinación de ponernos en acción y saber que nos hace bien. Es una obstinación sana y contagiosa que genera movimiento. Y cuando nos movemos, es que estamos vivos. [...]
Es probable que esta nueva edición aparezca también en el mes de septiembre, lo cual seguirá reforzando mi idea que es un mes mágico para celebrar.

He had already anticipated this spirit in a interview with local newspaper: "Este no es un libro solo para corredores"

Por Cristina Aizpeolea | 10 de diciembre de 2017 • Número Cero > Libros


–¿Cómo surgió este libro, por qué ahora? –Surgió de las ganas de expresar a través de palabras no sólo el accidente sino el giro que dio mi vida después de él. Habíamos hecho el documental En la repisa, pero me parecía que había otra historia para contar y de otra manera.

- ¿Qué fue lo más difícil de volver a esa experiencia limite, en plan de literatura?

-Me encantó el ejercicio aunque me di cuenta de todas las dificultades que lleva. El tiempo, la concentración, el armado, pero sobre todo me desvelaba la estructura narrativa. Quería contar el accidente en primera persona, navegando las bravas aguas de le mente en situaciones límite, las emociones que despierta y a la vez quería que fuera algo más. Ese algo más fue surgiendo de a poco cuando me di cuenta que era relevante para mi relatar “lo que pasó después de lo que paso” por decirlo de algún modo. En qué cambió mi vida.

-Tenías notas, imágenes grabadas en tu memoria, ¿a qué sensaciones y recuerdos le dedicaste el mayor esfuerzo de tu escritura?

-Tenía muchos recuerdos y la cercanía de ir a San Javier al menos dos veces al año, siempre reencontrándome con los rescatistas, amigos y gente que estuvo presente en septiembre de 2010. Cuando escribí el texto me propuse que aquel que lo leyera sintiera el vacío de la repisa, el frío de la noche, las dudas por el posible rescate, la angustia de no poder comunicarme. Pero a la vez, los recursos internos a los que apelé para pasar esos dos días y dos noches.

-¿Cómo organizaste el relato?

-Lo escribí en primera persona, avanzando en la historia a medida que las horas iban transcurriendo, y a la vez lo intercambié con escenas y reflexiones en tiempo presente. En ese ir y venir en el tiempo, traté de retratar aspectos que me eran relevantes: el trabajo y la búsqueda de un cambio, los afectos, mi familia, mis dudas acerca de qué hacer con mi futuro. Quise hacerlo coloquial y que pudiera leerlo cualquier persona con cierta inquietud acerca de la vida. Lo van a leer corredores, desde ya, pero no es un libro sólo para ellos.

-El periodista y escritor Federico Bianchini, que escribe la contratapa de tu libro y te entrevistó para el suyo, destaca el componente psicológico de tu vida en esa cornisa. ¿Lo advertiste en ese momento? ¿Cuándo supiste que tu supervivencia iba a depender de tu templanza?

-Lo descubrí en el momento en que me di cuenta que no estaba aceptando la situación. Me peleaba con ella. Me enojaba inútilmente. En un momento recordé la frase de mi instructora de un curso de autoconocimiento: “El momento presente es inevitable”. Y así, como por arte de magia, se apagó la radio interna que tenía en mi cabeza y comencé a funcionar en “modo supervivencia” y a tomar buenas decisiones. A medida que pasaban las horas, la templanza iba y venía, pero sabía que debía aferrarme a ella, como a una balsa en medio del mar.

-Decís que aquella experiencia fue tomando nuevas formas al compartirla con otros; que con cada observación adquiría nuevos significados porque los demás reparan en otros detalles, o iluminan cuestiones que no habías explorado de esa vivencia. ¿Por ejemplo?

-Varios mencionan situaciones límites que habían vivido ellos o afectos cercanos, algunos lo asocian con sus carreras profesionales y sus ganas de cambiar. Otros lo ven desde las decisiones que tomamos todo el tiempo. Otros, desde las pasiones que nos dan vida, pero que también entrañan riesgos.

- ¿Qué pasa ahora con tu libro, qué has podido recoger luego de compartirlo?

-Recojo muy lindos comentarios. El mejor: “Me lo leí de un tirón, no podía dejarlo”. Algunos lo han usado como material en cátedras de psicología del trauma, otros para entender cómo funciona la mente de un tipo en peligro. A muchos les toca una fibra interna, personal. Y es el mejor regalo que puedo tener.

 En plan de "sufritar"

Puesto a escribir su odisea en el Champaquí, puesto a relatar sus sensaciones en las carreras de largo aliento, a Gorbea lo asaltaban las imágenes, los recuerdos, y a veces no encontraba la manera de contarlo. Es que, según interpreta, no existe en el diccionario una palabra capaz de expresar lo que ocurre con los corredores en esas distancias tan largas, lo que experimenta el cuerpo. En su opinión, debería inventarse el verbo "sufritar", mezcla de sufrir y disfrutar. ¿Estará en ese mix de dolor y de placer el estado ideal del corredor?

-¡Puede ser! Somos varios los que nos gusta correr el límite, desafiarnos un poco más todos los días. La felicidad a veces está muy marketinizada y parece que se pudiera comprar en un shopping. En cambio “sufritar” sugiere que a veces debemos transitar oscuridades para apreciar mejor la luz.

-En las últramaratones, la cabeza juega un papel tan o más importante que las piernas. ¿Te entrenas conscientemente en ambas dimensiones, una lleva a la otra?

-En general, todos los corredores y entrenadores saben que la cabeza juega un rol clave, sin embargo, el 95 por ciento del tiempo se entrena el cuerpo. ¿Por qué? Creo que todavía no hemos obtenido buenas herramientas, o se usan poco. Tal vez la capacidad más fuerte a desarrollar sea la del control de las emociones y pensamientos negativos que tarde o temprano van a aflorar en una competencia (sobre todo si es larga) . En mi caso, me entreno con Mindfulness para el deporte, que consiste en estar anclado en el momento presente a través de la respiración y a la vez no perder de vista el “por qué” estoy haciendo lo que estoy haciendo.

-¿Con qué engañas la mente en los momentos límites, cuáles son tus “trucos”?

-Cuando la mente se opaca lo primero que hago es comer algo dulce, porque muchas veces la baja de azúcar nos produce malos pensamientos. Luego voy pensando en que “todo pasa” y recuerdo momentos horribles ( el torno del dentista, una mala situación laboral) que han pasado. Eso me hace comprobar que el dolor es momentáneo, que hay un umbral que hay que atravesar y luego todo se acomoda.

-En “Un sendero equivocado”, incluis también la referencia de otra carrera de largo aliento tuya en Los Andes, que terminó mal. O bien, según cómo se la mire. ¿Por qué decidiste compartir esa experiencia?

-Porque creo que tenemos tendencia a contar los “éxitos”, las cumbres, los logros, pero aprendemos más de los errores. Y cuanto más humanos seamos, más nos vamos a equivocar si además, nos gusta salir a lo desconocido. Quise desmitificar al personaje.

-¿Más planes de escribir? ¿Te resultará tan “adictivo” como correr?

-Siii! Estoy ahora escribiendo un libro sobre la experiencia en Antártida en enero de este año (100 kilómetros) y la segunda parte será la carrera en el Polo Norte que haré en abril del '18. Descubrí que me encanta escribir.