ramoneando

El hombre no puede vivir sólo para comer, beber y dormir. Una vez satisfechas las exigencias materiales, aparecerán con gran fuerza las necesidades a las que se atribuye un carácter artístico. Tantos individuos son equivalentes a tantos deseos, y estos son más variados cuanto más civilizada esté la sociedad y más desarrollado el hombre.

El trabajador obligado a luchar penosamente por la vida nunca llega a conocer los altos goces de la ciencia y de la creación artística. Para que todo el mundo llegue a estos placeres, que hoy se reservan al menor número, para que tenga tiempo y posibilidad de desarrollar sus capacidades intelectuales, la revolución debe garantizar a cada uno el pan cotidiano. Y luego, tiempo libre. Este es nuestro propósito supremo.

¡Ah! Si cada escritor tuviese que intervenir en la impresión de sus libros, ¡cuántos progresos hubiera hecho ya la imprenta! No estaríamos aún con los tipos móviles del siglo xvii.

La literatura, la ciencia y el arte deben ser servidos por voluntarios. Sólo con esa condición conseguirán liberarse del yugo del Estado, del capital y de la mediocridad burguesa que los ahoga.

Si se puede concebir la solidaridad, inmenso poder que multiplica la energía y las fuerzas creadoras del hombre, la humanidad marchará a la conquista del porvenir con toda la pujanza de la juventud.

La idea del bien y del mal existe en el hombre, cualquiera que sea su grado de desarrollo intelectual. Considera como bueno lo que es útil a la sociedad en que vive y malo a lo nocivo para esta.

Lo que la humanidad observa en el hombre verdaderamente moral es su energía plena de vida, que le empuja a dar su inteligencia, sus sentimientos, sus actos, sin pedir nada a cambio.

Existen elementos para una forma nueva de concebir la moral. A mi juicio, la importancia de la sociabilidad y de la ayuda mutua en la evolución del mundo animal y en la historia humana puede aceptarse como una verdad científica establecida y libre de hipótesis.

– Piotr Alekseyenevich Kropotkin